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EL PLACER ES NUESTRO

Es fundamental  que las mujeres aprendamos desde pequeñas a conocer nuestro cuerpo. Y eso incluye también la vagina y el clítoris.

Quizá, pueda parecer una banalidad, pero es cierto que las mujeres no conocen su cuerpo y sus genitales al igual que lo conocen los hombres.

Los hombres han estado y están en contacto con su pene, además éste está muy visible y sus cambios son palpables. En seguida aprenden a estimularlo y a sentir placer.

Para la mujer es más difícil, primero porque físicamente, el clítoris es algo que está escondido y para estimularlo hay que buscar. Segundo, porque no está tan socialmente aceptado el hecho de que una mujer tenga ganas e intención de tocarse los genitales y perseguir el placer.

Estoy es algo que entre todas tenemos que romper.

La búsqueda del placer no es propiedad de los hombres y tenemos que aprender a identificarlo también, integrarlo y vivirlo como parte de nuestra propia sexualidad.

El autoconocimiento de nuestro cuerpo nos proporcionará además de placer, mucha más información a la que estamos cegadas si no nos examinamos.

Es importante que la mujer se conozca, que haya explorado su vagina, sus pechos, que sepa y se fije en su proceso menstrual, que conozca cómo proporcionarse placer y en definitiva, que sienta que su sexualidad le pertenece y no es propiedad del hombre que se vaya acostar con ella.

Algunas mujeres no han conocido los mecanismos propios de su fisiología, y en cambio, esperan a que su pareja, la esporádica o la de toda la vida, comprenda todo de ellas. Ellas les otorgan a ellos el galardón de ser los dueños de su placer.

Reivindiquemos que el placer es nuestro y que ellos no hacen la función de Dios Tododopoderoso en las relaciones sexuales. El deseo es nuestro. Nuestra sexualidad nos pertenece a nosotras.

Por suerte, las mujeres vamos evolucionando. Por suerte, estamos integrando nuestra sexualidad, aceptándola y queriéndola.

Procesos como el parto, está dejando de ser tan medicalizado, la lactancia vuelve a jugar un papel principal, valorado por casi todas las mujeres y la menstruación, por ejemplo, sirve para el autoconocimiento con el uso de la copa menstrual.

Quizá esta evolución sea simplemente volver a las raíces y despojarnos de roles sociales y mitos culturales que nos han hecho sentir que nuestro cuerpo no nos pertenecía.

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