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Últimamente son comunes las consultas a los y las sexólogas por causa de problemas relacionados con la “virilidad” de los hombres, es decir, cuando los hombres piensan que no cumplen con las expectativas que se esperan de ellos.

Esto es porque los hombres, de un tiempo a esta parte, han pasado de utilizar las relaciones sexuales como una vía de escape para satisfacer sus impulsos, (en las que por supuesto no prestaban atención a la mujer), a ser los “expertos técnicos” que han de saber todo lo referente a las artes amatorias. Y no solo eso, en ellos recae todo el peso del éxito o el fracaso de la relación sexual.

Además, ellas también lo asumen, y frases como la de: “no hay mujer frígida, sino hombre inexperto”, han dejado patente que la mujer ha delegado todo su placer en la sabiduría y el saber hacer de los hombres.

Ellos, debido a factores sociales y culturales, aceptan que tienen que desempeñar este rol de amante perfecto, y saben que su principal objetivo es el de SATISFACER siempre a la mujer.

Teniendo en cuenta estas premisas, es normal que algunos hombres, después de comprobar que tienen toda esa responsabilidad y todo el peso sobre sus hombros, comiencen a presentar problemas.

Desde el momento en el que la mujer ha conseguido un papel protagonista dentro de las relaciones sexuales, reivindicando  su orgasmo,  el hombre  ha asumido este rol para poder ofrecérselo.

Esto puede general disfunciones relacionadas con la fase de la excitación, como la disfunción eréctil y también disfunciones relacionadas con la fase del deseo y el orgasmo, como la eyaculación precoz.

Lo curioso del caso es que en las parejas homosexuales no suelen aparecer este tipo de disfunciones. La razón es bien sencilla, en la pareja homosexual, cada uno se siente responsable de su propio orgasmo. En cambio, en las parejas heterosexuales, ellos se sienten responsables del orgasmo de ellas y ellas, además, evitan responsabilizarse.

 

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