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Los estereotipos y la cultura de género han condicionado la respuesta sexual humana, hecho que ha repercutido de manera negativa en muchos hombres y en muchas mujeres.

Durante miles de años las relaciones sexuales eran relaciones de poder, donde el hombre, embriagado por su pulsión por copular, usaba, utilizaba y violaba a la mujer. Era tan importante este hecho, que hasta se instauraron diferentes mecanismos sociales para entender el ejercicio de esta fuerza sobre la mujer, como fueron el derecho de pernada, la mujer como botín en las guerras, la prostitución y el debito conyugal.

Todas estas formas no hacían más que ensalzar la estructura patriarcal en donde la mujer no tenía la más mínima importancia.

Con el paso de los años, la idealización del pene erecto ha pasado a ser una máxima que anhelan todos los hombres y muchas mujeres. Resultado de la sociedad en la que vivimos.

Entendemos la sexualidad como algo impulsivo, sin conciencia y que se lleva a cabo para poder dar así satisfacción al deseo descomunal, sobre todo del hombre. Se entiende la sexualidad como pulsión sexual, donde el hombre necesita penetrar y eyacular de una manera imperiosa, o si no, no sabemos muy bien que desencadenante negativo nos podríamos encontrar.

Hemos asumido que la sexualidad es algo desenfrenado y que responde a la premisa del “aquí te pillo aquí te mato”. Pero no nada más lejos de la realidad.

La EXCITACIÓN sexual se rige precisamente por mecanismos contrarios a la pulsión. Es el sistema nervioso parasimpático el que rige la fase de excitación dentro de la respuesta sexual humana. Es una fase, por lo tanto de relajación, donde la endorfina, que produce relax y placer, es la protagonista. Por eso, es una fase en la que nos damos al abandono.

Completamente incompatible con lo que nos hemos creído.

En cambio, es la fase del DESEO en la cual el sistema nervioso simpático ejerce su acción. La adrenalina se pone en funcionamiento y hace que se den acciones y comportamientos que se acercan al encuentro sexual.

Por eso, cuando se da una disfunción masculina en la fase de la excitación, nos encontramos con un hombre que pretende controlar toda la situación y no se abandona. El mecanismo de querer hipercontrolar el momento o el miedo a que no salga cómo debería, dentro de los cánones de virilidad, es lo que hace que no se pueda producir la erección, ya que es físicamente imposible. Para que se dé la erección, el hombre tiene que relajarse y abandonarse.

Por otro lado, se entiende que la fase de la excitación es casi patrimonio de los hombres, es aquí donde se dan el mayor número de disfunciones masculinas. Casi no hay casuística de disfunciones en la fase de la excitación de mujeres, ya que lo que en las mujeres se entiende como excitación: lubricación y tumescencia vulvar, no es algo tan medible ni obvio como lo es una erección.

Por lo tanto, hemos de entender que los encuentros sexuales no son lo que normalmente vemos en el cine. El hombre no tiene que ser un super héroe de la erección, porque si presenta este tipo de problema, no hará más que agravarse.

Gran parte del éxito en terapia consiste en desmitificar el pene, el coitocentrismo y la sociedad machista y patriarcal. Este cambio de actitud hará que el problema deje de darse, porque se entenderá el verdadero funcionamiento de la sexualidad.

2 Comments

  • José dice:

    Sería muy importante que los hombres nos quitáramos el peso del machismo, pero creo que aún nos queda mucho camino.

    • Gema dice:

      Mucho peso durante muchos años, asimismo vemos una ligera tendencia al cambio. Como contrapartida, el lado fuerte del machismo aún sigue con fuerza, sobre todo, en alguno de nuestros jóvenes.
      Gracias José.

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