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Es un pregunta que nos podemos hacer cuando nos damos cuenta de que lo que lo que nos gustaría tener en una relación sexual no es lo que realmente tenemos.

Entonces podemos caer en la cuenta de que algo no funciona,  pero existe el miedo a contarlo. ¿Cómo voy a admitir que algo no funciona dentro de mí?

Normalmente se suele echar la culpa a los genitales, ya que no están trabajando  como debieran: “no puedo mantener mi erección por mucho tiempo”, “me duele y prefiero no hacerlo”, “no consigo que ni pene se ponga erecto”, “no sé lo que es un orgasmo”, pero la realidad que subyace en la mayoría de los casos es un problema de ansiedad, educación sexual y malos aprendizajes.

Lo que sucede es que a la mayoría de las personas lo que les gustaría es tener un receta mágica que diera fin a todos su problemas sexuales, una maravillosa pastilla azul que le librara de la vergüenza. Por eso acuden al médico, en el mejor de los casos, a la espera de la solución inmediata. Pero de esta manera no hacemos más que contribuir a que los problemas se mantengan en el tiempo, ya que no vamos a la raíz de ellos. Seguimos sin eliminar los prejuicios, mitos y malos aprendizajes que hacen que las conductas sean inadecuadas y que se mantengan.

Con la terapia sexual un@  puede conseguir que estos problemas desaparezcan y obtener una vida sexual saludable, pero no de manera milagrosa. Se trata de un aprendizaje de hábitos, un cambio de actitud, una toma de conciencia del propio cuerpo, un aprendizaje de nuevas maneras de relacionarse y sobre todo,  se aprende  a hacer que los genitales dejen de ser el centro de cualquier relación sexual. En gran parte de los casos, las personas que tienen una disfunción sexual entienden  una relación sexual “completa” como aquella en la que se  finaliza con el coito en el 100% de las veces. Su manera de entender la sexualidad siempre pasa por la genitalidad y el coito. En la mayoría de los casos, aunque parezca una paradoja,  olvidan que lo más importante es disfrutar.

La terapia sexual se encarga de poner en consonancia los pensamientos, emociones y conductas que tienen lugar durante la respuesta sexual y tratar de realizar una modificación en ellos para que la respuesta sexual sea la adecuada, la deseada. También se encarga de eliminar o disminuir la ansiedad que existe en cada una de las disfunciones sexuales.

Hay que tener en cuenta que no es que los genitales “no funcionen” sino que lo que sucede es un mal aprendizaje o un mecanismo de defensa mal instaurado, ya que no funciona como defensa.

Por lo tanto, una solución médica rápida o un tratamiento solo focalizado en el síntoma, puede hacer que el paciente recaiga,  ya que no ha ido al origen del problema, simplemente lo ha dejado dormir.

 

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