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EL CUERPO FEMENINO MODELADO A PLACER

Vivimos en una sociedad occidental cultivada, civilizada y sabia, sobre todo si nos comparamos con otras existentes en el mundo. O por lo menos eso es lo que nosotrxs mismxs nos creemos. Lucimos una superioridad, que sinceramente, pocas veces brilla.

Nos echamos las manos a la cabeza cuando oímos hablar de tradiciones culturales que hay que abolir, sin importarnos, lo más mínimo que esas tradiciones no han sido producto del azar, sino de siglos de cultura y que existen otras culturas tan legítimas como la nuestra.

El cuerpo, es un producto social y no sólo físico, ya que transmite muchos significados, sin podernos librar de ellos. Además, no tienen el mismo significado el cuerpo de un hombre o el de una mujer. Siendo este último, el blanco fácil de cualquier modificación física para el placer masculino.

El cuerpo se ha esculpido para concentrar un estatus social, un prestigio o unas condiciones propicias para el matrimonio. Esto ocurre con la mutilación genital femenina (MGF) una práctica antigua, que pervive en nuestros días gracias a que las comunidades que la practican confían en sus virtudes, para alejar el deseo y la infidelidad y para arreglar matrimonios mucho más convenientes. Y todo esto, a pesar de que es una violación de los derechos humanos y una violencia sobre las mujeres y las niñas.

Hemos de combatir esta práctica, no compadeciéndonos de las “pobres” mujeres, atrapadas en su cultura, sino ofreciéndoles herramientas, información y asesoramiento para que ellas mismas logren el empoderamiento necesario para acabar con ella.

El paternalismo occidental, cuando se trata el tema de la MGF, mostrando cuchillas, sangre y violencia, no genera más que incomprensión sobre una práctica atrapada en una tradición, como podemos tener otras, en el mundo occidental, quizá no tan sangrantes, pero igual de terribles.

Trabajar la MGF desde dentro, con las propias mujeres africanas, fuertes y empoderadas es el camino recto para conseguir eliminar esta tradición, ya que serán las propias mujeres, las que podrán hacer de mediadoras entre los miembros de su comunidad y transmitir el mensaje de que limitar la sexualidad de la mujer y violar sus derechos, no es nunca una buena alternativa.

En occidente, mientras aún tenemos las manos en la cabeza, diciendo cómo es posible que se hagan este tipo de prácticas a las mujeres, que merman su capacidad de placer y su sexualidad en sus múltiples versiones, nos encontramos con que jóvenes y mujeres mutilan sus genitales, a voluntad, con el único objetivo de conseguir unos labios y una vagina mucho más acorde a lo que se espera de ellas, mucho más acorde al gusto masculino y sobre todo mucho más acorde a un modelo casi tan infantil, como irreal.

Olvidamos que este tipo de intervención no es gratuita, en dinero desde luego que no, sino en consecuencias para la salud sexual y el placer, pero eso, a la hora de vender el producto, en las clínicas blancas y asépticas, no es lo más importante. El placer de la mujer vuelve a ser de segunda categoría.

Unos genitales que no se adaptan a los modelos que almacenamos en el inconsciente colectivo de la sociedad, fruto, la mayoría de las veces, del porno, son cambiados a placer, por supuesto, a voluntad de las propias interesadas, pero, ¿lo harían si no se sintieran obligadas a hacerlo de alguna manera, por las modas sociales?. Modas, que quien sabe, quizá se conviertan en tradiciones.

El cuerpo de la mujer no es solo un cuerpo físico, es un estatus, un modelo social, modelado a gusto de una sociedad, la que sea, que inventa muchas más expectativas que realidades y que por supuesto genera, la sensación de que la mujer siempre se tiene que adaptar a los gustos masculinos, da igual si están envueltos en tradición o en modernidad.

 

 

SERSEXUAL  es miembro del grupo nacional de Médicos del Mundo y colabora activamente contra la MGF en Metges del Món Balears.

 

consulta@sersexual.com

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